No recuerdo que algún tiempo haya existido una raza de grandes críticos o que determinado medio se interesaba más por la crítica literaria o demás nostalgias inventadas, propias de los delirios del pasado, de aquellas épocas que parecen mejor, solo porque las vemos borrosas o porque lo que no recordamos lo hacemos parecer algo que quisimos que pasara. (Cuántos falsos recuerdos tendremos en nuestras vidas, cosas que empezaron como falsas anécdotas y ahora se quedan en nuestra mente como parte de lo vivido, anécdotas inventadas solo para no quedarnos atrás entre los amigos que tal vez sí han vivido la vida... o quién sabe si no inventaron también. Bueno.)
Pero recuerdo muy bien aquellas épocas en las que leía solo para intentar meter algo más en mi cabeza y aprender a escribir mejor mis cartas amorosas a la dama de turno, textos con intenciones extra-artísticas y nada literarias. Leía, sobre todo, el periódico, que acaso era el medio más a mi alcance, aparte de los libros viejos que remataban ciertos ambulantes. En los diarios, aparte de todas las secciones que interesan a todo ciudadano sadomasoquista (Política y Locales), voyeurista (Espectáculos), o frustrado (Deportes), estaba la sección Cultural (digo, al menos de los diarios que compraba, ya que en otros, la palabra Cultura solo estaba asociada al término Cultura-Combi, cosa que hasta ahora no entiendo) que presentaba en una sola página todo lo concerniente al teatro, pintura, danza, y todo lo que engloba la palabra cultura en su definición humanística. Claro, lo que más me interesaba era encontrar alguna biografía o algún poema que de vez en cuando se le ocurría publicar al periódico. A veces tenía suerte. Como no todos los días había un poema o se trataba de un escritor, leía reseñas, entrevistas, veía la agenda (agenda que me hace sentir muy infeliz, ya que vivía a más de La crítica ha pasado a ser solo reseña. Un espacio en donde se anuncia la publicación de un libro solo si éste es de determinada editorial conocida o si el autor es conocido o si el autor es conocido del editor de Cultura. Las reseñas suelen ser zalameras y van acompañadas de una entrevista en donde dejan que el escritor alabe su propia obra diciendo: ‘lo escribí en un estado casi catártico, después de un largo asilo dentro de mí mismo’ (:-O).
Entre otros temas, a veces en dicha única página encontraba columnas que anunciaban críticas literarias sobre libros recién salidos de la imprenta. Al principio tomé cierto interés a estos comentarios y opiniones de ciertos personajes normalmente desconocidos, pero pronto me cansaron y hasta me molestaban a veces, pero finalmente terminé por reírme. Era una columna en donde el tema no consistía en valorar el libro después de un análisis que (suponía yo) consistía en extraer lo bueno y lo malo para recomendar finalmente al lector si merecía ser comprado o no. Sino, la supuesta crítica consistía (consiste) en mencionar el libro y mediante un lenguaje dotado de serpentinas palabras (escogidas del manual: ‘Hágase culto en siete sesiones’) hablaban del libro, del autor y sobre todo de sí mismos. ¿De sí mismos? Sí. Si consideraban al libro ‘una buena entrega’, lo calificaban de ‘fresco’, ‘interesante’, ‘buena trama’, ‘una novela que dará que hablar’, ‘marca una nueva etapa del escritor’, ‘sui generis’, ‘no pasará desapercibido’, ‘se aparta de su generación’ y todas esas frases hechas, significaba (significa): ‘compra el libro si quieres, total tú te harás responsable’.
Si los calificativos eran: ‘un libro apresurado’, ‘más de lo mismo’, ‘no logra superarse a sí mismo’, ‘hay elementos que no aportan a la trama principal’, ‘dijo en muchas palabras lo que pudo decir con ninguna’, etc., querían decir que sí habían leído el libro, pero que ‘yo puedo escribir mejor’. Simple.
Finalmente el lector (o sea yo, en el peor sentido de la palabra) decidía buscar lectura decimonónica.
La crítica literaria ya no se ejerce en los medios de comunicación porque ha pasado a ser solo herramienta para los estudiosos de determinadas materias y no para el vulgar lector que todavía tiene fe en los diarios, revistas y otros medios que deben propagar más el interés por la lectura… (ni yo me la creo)
La crítica ha pasado a ser solo reseña. Un espacio en donde se anuncia la publicación de un libro solo si éste es de determinada editorial conocida o si el autor es conocido o si el autor es conocido del editor de Cultura.
Las reseñas suelen ser zalameras y van acompañadas de una entrevista en donde dejan que el escritor alabe su propia obra diciendo: ‘lo escribí en un estado casi catártico, después de un largo asilo dentro de mí mismo’ (:-O). En el caso de que el escritor no acceda a la entrevista, simplemente no le hacen la reseña o intentan darle una ‘crítica destructiva’ (lo cual puede ser de doble filo, ya que algunos lectores tienen la costumbre de llevar la contra, evocando a Clemente Palma que disparó contra Vallejo).
Así, la crítica se convierte en muchos casos en un acto de violación en donde los vejados son los desinformados lectores que se dejan llevar por los pepeadores: medio-editorial. Pienso que debe haber una sanción por estafa a los que dicen que una novela es buena cuando de verdad es malísima. Nos dan gato por liebre (perdón por usar esta frase muy prostituida). ¿Quién nos devuelve la plata?, ¿Quién devuelve el tiempo perdido?, ¿quién borra de la mente tan malos recuerdos?
Bueno, sé que no tengo autoridad para ‘criticar’ a los críticos, pero lo hago sabiendo que muchos de nosotros nos hemos sentido estafados por ellos, ya que muchas veces hemos confiado ciegamente en lo que dicen.
Hablando de ciegos, una vez leí una crítica de Jorge Luis Borges hacia la obra más conocida de Gabriel García Márquez, en donde el argentino aseveraba que ‘a Cien años de soledad le sobran cincuenta años’. Buena frase, ¿no? A ver si los ‘críticos’ recapacitan y no nos hagan comprar libros que terminen vendidos como papel reciclado (al menos me he dedicado a hacer eso, ya que no puedo revenderlos porque parto de una sabia premisa: no hagas lo que no te gustarían que hagan contigo).
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En el próximo artículo daré pautas para saber cómo saber que un libro es de verdad malo. Así de simple, sin tener que leerlo. ¿No me creen? Pues se puede, la literatura está enferma señores y es fácil detectar sus síntomas.
Felipe Revueltas

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