El Kitsch
“La negación absoluta de la mierda”
Usada muchas veces en diarios o revistas, sobre todo en las secciones culturales. La palabra kitsch, según el diccionario, equivale a “cursi”, algo de mal gusto, aquello que presume de elegante sin serlo. Este vocablo es aplicado a las piezas de escaso valor estético y de fácil comercialización, además es usado en ámbitos tan diversos como la literatura, arquitectura, cine, pintura, religión, etc.
El Kitsch es captado de manera intuitiva, pero no podemos explicarlo o describirlo con facilidad. En tal caso, no debemos apresurarnos al momento de usar esta palabra, ya sea como sustantivo (con mayúscula) o adjetivo (minúscula). En realidad, el Kitsch tiene un sentido más profundo.
Kitsch: Voz alemana. Dicho de un objeto artístico: pretencioso, pasado de moda y considerado de mal gusto (según la enciclopedia Salvat). ¿Pero quién tiene la licencia para determinar que algo es o no de mal gusto?, si hablamos de relativismo cultural. “Etnocentricemos” el tema al punto de vista occidental:
El Kitsch existe en el campo de la decoración; en la escultura (justificada muchas veces como “arte contemporáneo”); en gestos de la vida cotidiana (hacer un gesto infantil forzado, por ejemplo) y pequeñas expresiones lingüísticas (entre ellas, el esfuerzo por utilizar palabras rebuscadas con intenciones pedantes); aforismos (los dichos populares que se repiten hasta el tedio; por ejemplo: “Todo cae por su propio peso”).
La víctima del Kitsch en el cine se caracteriza por dejarse sorprender fácilmente y adrede, goza con los efectos, con lo sentimental, sensiblero o heroico; le gusta lo repetido y evita los grandes cambios, las rupturas con lo convencional (digamos, Hollywood).
El Kitsch, si es que se le puede llamar estilo, es el estilo carente de estilo; es copia, sustituto y mezcla de estilos. Según el etimólogo Wörterbuch der Deutschen Sprache, este término se deriva de la palabra inglesa sketch (esbozo), mal pronunciada por los artistas de Munich que la aplicaban para referirse a imágenes baratas que los turistas americanos compraban como souvenirs (objetos típicos de un lugar que se adquieren como recuerdo); de allí que se utilice para nombrar la vulgar fruslería artística consumida por aquellos que buscan experiencias estéticas simplistas, no comprometidas.
Según Milan Kundera (en La insoportable levedad del ser), el Kitsch es un ideal estético, en donde la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. El escritor, plantea que en el paraíso la mierda no era asquerosa y que el hombre, al ser expulsado del Edén, empezó a sentir la vergüenza, la excitación y el asco; es allí cuando empezó a ocultar lo que le avergonzaba.
“Este término nació en medio del sentimental S. XIX y se extendió después a todos los idiomas. Pero la frecuencia del uso dejó borroso su original sentido metafísico, es decir: el Kitsch es la negación absoluta de la mierda. En sentido general y figurado: el Kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable”. Así lo explica el escritor checo, en una de sus novelas de carácter comprometido.
El Kitsch es también el placer de lo horrendo, el arte de lo horrible. Un calificativo que va mucho más allá de lo feo o de lo horroroso. Es la esencia misma del mal gusto expresada a través de objetos, en su mayoría inútiles pues ni siquiera cumplen la función para la que fueron creados. Por ejemplo, los recuerdos baratos, en plástico, decorado con colores brillantes y con inscripciones: “Made in China”.
No se debe confundirlo como sinónimo de horrible. Un objeto kitsch es tan horroroso que a veces nos agrada, nos atrae y hasta puede atraparnos irremediablemente. Tengan mucho cuidado.

