Es agradable (desagradable) escuchar la voz de un poeta como Bukowski, leyendo un poema suyo. Su voz áspera, amarga, con una lija en el esófago. Es agradable (desagradable)escuchar a este escritor, considerado el último escritor maldito de norteamérica, leyendo uno de los poemas que reflejan su alejamiento de la vida corriente, de lo burgués, de lo comunmente "normal".
Bukoswki, un escritor que se jacta de haber escrito su primer poema a los 35 años, un hombre feo (como se describe en varios de sus cuentos), con cortes en la cara (con puñaladas en el alma), con cicatricez propias del acné, un apostador de hipódromo, bebedor, y genio sobre todas las cosas.
--------------------------------------------------------------- Charles Bukowski
El genio de la multitud
Hay suficiente traición y odio,
violencia.
Necedad en el ser humano
corriente
como para abastecer cualquier ejercito o cualquier
jornada.
Y los mejores asesinos son aquellos
que predican en su contra.
Y los que mejor odian son aquellos
que predican amor.
Y los que mejor luchan en la guerra
son -AL FINAL- aquellos que
predican
PAZ.
Aquellos que hablan de Dios.
Necesitan a Dios
Aquellos que predican paz
No tienen paz.
Aquellos que predican amor
No tienen amor.
Cuidado con los predicadores
cuidado con los que saben.
Cuidado con
Aquellos que
Están siempre
Leyendo
Libros.
Cuidado con aquellos que detestan
la pobreza o están orgullosos de ella.
Cuidado con aquellos de alabanza rápida
pues necesitan que se les alabe a cambio.
Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:
tienen miedo de lo que
no conocen.
Cuidado con aquellos que buscan constantes
multitudes; no son nada
solos.
Cuidado con
El hombre corriente
Con la mujer corriente
Cuidado con su amor.
Su amor es corriente, busca
lo corriente.
Pero es un genio al odiar
es lo suficientemente genial
al odiar como para matarte, como para matar
a cualquiera.
Al no querer la soledad
al no entender la soledad
intentarán destruir
cualquier cosa
que difiera
de lo suyo.
Al no ser capaces
de crear arte
no entenderán
el arte.
Considerarán su fracaso
como creadores
sólo como un fracaso
del mundo.
Al no ser capaces de amar plenamente
creerán que tu amor es
incompleto
y entonces te
odiarán.
Y su odio será perfecto
como un diamante resplandeciente
como una navaja
como una montaña
como un tigre
como cicuta
Su mejor
ARTE.
No recuerdo que algún tiempo haya existido una raza de grandes críticos o que determinado medio se interesaba más por la crítica literaria o demás nostalgias inventadas, propias de los delirios del pasado, de aquellas épocas que parecen mejor, solo porque las vemos borrosas o porque lo que no recordamos lo hacemos parecer algo que quisimos que pasara. (Cuántos falsos recuerdos tendremos en nuestras vidas, cosas que empezaron como falsas anécdotas y ahora se quedan en nuestra mente como parte de lo vivido, anécdotas inventadas solo para no quedarnos atrás entre los amigos que tal vez sí han vivido la vida... o quién sabe si no inventaron también. Bueno.)
Pero recuerdo muy bien aquellas épocas en las que leía solo para intentar meter algo más en mi cabeza y aprender a escribir mejor mis cartas amorosas a la dama de turno, textos con intenciones extra-artísticas y nada literarias. Leía, sobre todo, el periódico, que acaso era el medio más a mi alcance, aparte de los libros viejos que remataban ciertos ambulantes. En los diarios, aparte de todas las secciones que interesan a todo ciudadano sadomasoquista (Política y Locales), voyeurista (Espectáculos), o frustrado (Deportes), estaba la sección Cultural (digo, al menos de los diarios que compraba, ya que en otros, la palabra Cultura solo estaba asociada al término Cultura-Combi, cosa que hasta ahora no entiendo) que presentaba en una sola página todo lo concerniente al teatro, pintura, danza, y todo lo que engloba la palabra cultura en su definición humanística. Claro, lo que más me interesaba era encontrar alguna biografía o algún poema que de vez en cuando se le ocurría publicar al periódico. A veces tenía suerte. Como no todos los días había un poema o se trataba de un escritor, leía reseñas, entrevistas, veía la agenda (agenda que me hace sentir muy infeliz, ya que vivía a más de 200 kilómetros de Lima) y de a pocos empecé a conocer algo sobre la 'movida cultural' y sus personajes.
La crítica ha pasado a ser solo reseña. Un espacio en donde se anuncia la publicación de un libro solo si éste es de determinada editorial conocida o si el autor es conocido o si el autor es conocido del editor de Cultura.
Las reseñas suelen ser zalameras y van acompañadas de una entrevista en donde dejan que el escritor alabe su propia obra diciendo: ‘lo escribí en un estado casi catártico, después de un largo asilo dentro de mí mismo’ (:-O).
Entre otros temas, a veces en dicha única página encontraba columnas que anunciaban críticas literarias sobre libros recién salidos de la imprenta. Al principio tomé cierto interés a estos comentarios y opiniones de ciertos personajes normalmente desconocidos, pero pronto me cansaron y hasta me molestaban a veces, pero finalmente terminé por reírme. Era una columna en donde el tema no consistía en valorar el libro después de un análisis que (suponía yo) consistía en extraer lo bueno y lo malo para recomendar finalmente al lector si merecía ser comprado o no. Sino, la supuesta crítica consistía (consiste) en mencionar el libro y mediante un lenguaje dotado de serpentinas palabras (escogidas del manual: ‘Hágase culto en siete sesiones’) hablaban del libro, del autor y sobre todo de sí mismos. ¿De sí mismos? Sí. Si consideraban al libro ‘una buena entrega’, lo calificaban de ‘fresco’, ‘interesante’, ‘buena trama’, ‘una novela que dará que hablar’, ‘marca una nueva etapa del escritor’, ‘sui generis’, ‘no pasará desapercibido’, ‘se aparta de su generación’ y todas esas frases hechas, significaba (significa): ‘compra el libro si quieres, total tú te harás responsable’.
Si los calificativos eran: ‘un libro apresurado’, ‘más de lo mismo’, ‘no logra superarse a sí mismo’, ‘hay elementos que no aportan a la trama principal’, ‘dijo en muchas palabras lo que pudo decir con ninguna’, etc., querían decir que sí habían leído el libro, pero que ‘yo puedo escribir mejor’. Simple.
Finalmente el lector (o sea yo, en el peor sentido de la palabra) decidía buscar lectura decimonónica.
La crítica literaria ya no se ejerce en los medios de comunicación porque ha pasado a ser solo herramienta para los estudiosos de determinadas materias y no para el vulgar lector que todavía tiene fe en los diarios, revistas y otros medios que deben propagar más el interés por la lectura… (ni yo me la creo)
La crítica ha pasado a ser solo reseña. Un espacio en donde se anuncia la publicación de un libro solo si éste es de determinada editorial conocida o si el autor es conocido o si el autor es conocido del editor de Cultura.
Las reseñas suelen ser zalameras y van acompañadas de una entrevista en donde dejan que el escritor alabe su propia obra diciendo: ‘lo escribí en un estado casi catártico, después de un largo asilo dentro de mí mismo’ (:-O). En el caso de que el escritor no acceda a la entrevista, simplemente no le hacen la reseña o intentan darle una ‘crítica destructiva’ (lo cual puede ser de doble filo, ya que algunos lectores tienen la costumbre de llevar la contra, evocando a Clemente Palma que disparó contra Vallejo).
Así, la crítica se convierte en muchos casos en un acto de violación en donde los vejados son los desinformados lectores que se dejan llevar por los pepeadores: medio-editorial. Pienso que debe haber una sanción por estafa a los que dicen que una novela es buena cuando de verdad es malísima. Nos dan gato por liebre (perdón por usar esta frase muy prostituida). ¿Quién nos devuelve la plata?, ¿Quién devuelve el tiempo perdido?, ¿quién borra de la mente tan malos recuerdos?
Bueno, sé que no tengo autoridad para ‘criticar’ a los críticos, pero lo hago sabiendo que muchos de nosotros nos hemos sentido estafados por ellos, ya que muchas veces hemos confiado ciegamente en lo que dicen.
Hablando de ciegos, una vez leí una crítica de Jorge Luis Borges hacia la obra más conocida de Gabriel García Márquez, en donde el argentino aseveraba que ‘a Cien años de soledad le sobran cincuenta años’. Buena frase, ¿no? A ver si los ‘críticos’ recapacitan y no nos hagan comprar libros que terminen vendidos como papel reciclado (al menos me he dedicado a hacer eso, ya que no puedo revenderlos porque parto de una sabia premisa: no hagas lo que no te gustarían que hagan contigo).
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En el próximo artículo daré pautas para saber cómo saber que un libro es de verdad malo. Así de simple, sin tener que leerlo. ¿No me creen? Pues se puede, la literatura está enferma señores y es fácil detectar sus síntomas.
Felipe Revueltas
Usada muchas veces en diarios o revistas, sobre todo en las secciones culturales. La palabra kitsch, según el diccionario, equivale a “cursi”, algo de mal gusto, aquello que presume de elegante sin serlo. Este vocablo es aplicado a las piezas de escaso valor estético y de fácil comercialización, además es usado en ámbitos tan diversos como la literatura, arquitectura, cine, pintura, religión, etc.
El Kitsch es captado de manera intuitiva, pero no podemos explicarlo o describirlo con facilidad. En tal caso, no debemos apresurarnos al momento de usar esta palabra, ya sea como sustantivo (con mayúscula) o adjetivo (minúscula). En realidad, el Kitsch tiene un sentido más profundo.
Kitsch: Voz alemana. Dicho de un objeto artístico: pretencioso, pasado de moda y considerado de mal gusto (según la enciclopedia Salvat). ¿Pero quién tiene la licencia para determinar que algo es o no de mal gusto?, si hablamos de relativismo cultural. “Etnocentricemos” el tema al punto de vista occidental:
El Kitsch existe en el campo de la decoración; en la escultura (justificada muchas veces como “arte contemporáneo”); en gestos de la vida cotidiana (hacer un gesto infantil forzado, por ejemplo) y pequeñas expresiones lingüísticas (entre ellas, el esfuerzo por utilizar palabras rebuscadas con intenciones pedantes); aforismos (los dichos populares que se repiten hasta el tedio; por ejemplo: “Todo cae por su propio peso”).
La víctima del Kitsch en el cine se caracteriza por dejarse sorprender fácilmente y adrede, goza con los efectos, con lo sentimental, sensiblero o heroico; le gusta lo repetido y evita los grandes cambios, las rupturas con lo convencional (digamos, Hollywood).
El Kitsch, si es que se le puede llamar estilo, es el estilo carente de estilo; es copia, sustituto y mezcla de estilos. Según el etimólogo Wörterbuch der Deutschen Sprache, este término se deriva de la palabra inglesa sketch (esbozo), mal pronunciada por los artistas de Munich que la aplicaban para referirse a imágenes baratas que los turistas americanos compraban como souvenirs (objetos típicos de un lugar que se adquieren como recuerdo); de allí que se utilice para nombrar la vulgar fruslería artística consumida por aquellos que buscan experiencias estéticas simplistas, no comprometidas.
Según Milan Kundera (en La insoportable levedad del ser), el Kitsch es un ideal estético, en donde la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. El escritor, plantea que en el paraíso la mierda no era asquerosa y que el hombre, al ser expulsado del Edén, empezó a sentir la vergüenza, la excitación y el asco; es allí cuando empezó a ocultar lo que le avergonzaba.
“Este término nació en medio del sentimental S. XIX y se extendió después a todos los idiomas. Pero la frecuencia del uso dejó borroso su original sentido metafísico, es decir: el Kitsch es la negación absoluta de la mierda. En sentido general y figurado: el Kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable”. Así lo explica el escritor checo, en una de sus novelas de carácter comprometido.
El Kitsch es también el placer de lo horrendo, el arte de lo horrible. Un calificativo que va mucho más allá de lo feo o de lo horroroso. Es la esencia misma del mal gusto expresada a través de objetos, en su mayoría inútiles pues ni siquiera cumplen la función para la que fueron creados. Por ejemplo, los recuerdos baratos, en plástico, decorado con colores brillantes y con inscripciones: “Made in China”.
No se debe confundirlo como sinónimo de horrible. Un objeto kitsch es tan horroroso que a veces nos agrada, nos atrae y hasta puede atraparnos irremediablemente. Tengan mucho cuidado.
Mi nombre es Felipe Revueltas. Asistí a la universidad de vez en cuando, leí uno que otro libro, escribo una que otra vez, no gané nada, tengo pocos amigos, me da miedo ser asesinado y ser rellenado con cangrejos (como Allen) y además me gusta el cine, la música, el ajedrez, y dormir poco.