La Coctelera

Alquimias cinematográficas de dos genios españoles: Buñuel y Dalí


"Es peligroso asomarse al interior"

Un perro andaluz

Una luna llena, un perro andaluz que nunca se ve, una palma agujereada -como la mano crucificada- por cuya abertura salen hormigas negras, una nube que corta la luna y una navaja que corta el lóbulo de un ojo femenino. ¿Acaso es necesario describir en una sinopsis un cortometraje que hasta hoy deja perplejos a los espectadores? Es el año 1929, unos efectos rudimentarios pero muy convincentes al ojo ajeno, un juego temporal que ya quisieran imitar Tarantino, o Iñárritu, un guion que parece haberse escrito sobre un vidrio para luego quebrarse adrede, escrito por dos jóvenes trasgresores de la tradicional forma de concebir el arte.

¿Los responsables? (Diremos mejor ‘irresponsable’, para atribuirles un adjetivo que se merecen, porque aquellos son los que rompen la tan hosca barrera que impone la costumbre, el canon, la tradición. De ahí nacen los genios, de ahí las genialidades.) Me refiero a Luis Buñuel y Salvador Dalí. Tan simple, como tener una mala noche necesaria, una mala noche que no asusta sino incita a la creación. Tan simple como ignorar al script y barajar las hojas de un libro como si fueran cartas de póker. Así es Un perro andaluz.

Son 17 minutos. Es un sueño que podríamos tener si es que tal vez hemos bebido demasiado y haber platicado sobre fútbol metafísico, astronomía teológica o cocina cubista. Tan simple como hacer añicos al sólido principio aristotélico.

Inspirada, según algunos, en el surrealismo que por ese entonces pasaba por su mejor momento y por las ideas del psicoanálisis de Sigmund Freud, Un perro andaluz (Un chien andalou) está integrada por imágenes que asemejan a la incoherencia onírica que experimentamos una vez dormidos. Los cambios repentinos de escenario, las imágenes fuera de lugar (como la cabeza de un caballo sobre un piano), la angustia propia de un mal sueño y los diferentes puntos de referencia (digamos, a veces somos protagonistas y luego pasamos a espectadores) nos trasladan a ese mundo que urde nuestro misterioso subconsciente.

El guion fue escrito en menos de una semana y la regla, según Buñuel, fue sencilla: “no aceptar idea ni imagen que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural”. Fue presentada en Francia, frente a un grupo selecto de artistas muy exigentes, donde Buñuel tocaba el piano para acompañar a las imágenes y a la vez se preparaba para lapidar a los que osaban abuchear a la película con piedras que guardaba en los bolsillos. Pero la cinta fue todo un éxito. Con esta obra, Buñuel pretendía (y lo logró) un "desesperado y apasionado llamamiento al asesinato de la cultura burguesa".

Sensacionalismos aparte. Por si no fuera demasiado, (no se sospecha que lo haya hecho por publicidad) poco después de la filmación de dicho cortometraje (una filmación en donde los actores aducen que no sabían lo que hacían porque tan solo atinaban a obedecer a un incomprendido joven revolucionario del cine) el protagonista, Pierre Batcheff, se suicidó.

Hay que verla, discutirla e imitarla. Hay que aprender de alguien que se atrevió a vivir en una época que aún estaba en proceso de gestación para genios como él.

-------------------

Felipe Revueltas

Bukowski leyendo "El genio de la multitud"

Es agradable (desagradable) escuchar la voz de un poeta como Bukowski, leyendo un poema suyo. Su voz áspera, amarga, con una lija en el esófago. Es agradable (desagradable)escuchar a este escritor, considerado el último escritor maldito de norteamérica, leyendo uno de los poemas que reflejan su alejamiento de la vida corriente, de lo burgués, de lo comunmente "normal".
Bukoswki, un escritor que se jacta de haber escrito su primer poema a los 35 años, un hombre feo (como se describe en varios de sus cuentos), con cortes en la cara (con puñaladas en el alma), con cicatricez propias del acné, un apostador de hipódromo, bebedor, y genio sobre todas las cosas.

---------------------------------------------------------------
Charles Bukowski

El genio de la multitud

Hay suficiente traición y odio,
violencia.
Necedad en el ser humano
corriente
como para abastecer cualquier ejercito o cualquier
jornada.
Y los mejores asesinos son aquellos
que predican en su contra.
Y los que mejor odian son aquellos
que predican amor.
Y los que mejor luchan en la guerra
son -AL FINAL- aquellos que
predican
PAZ.
Aquellos que hablan de Dios.
Necesitan a Dios
Aquellos que predican paz
No tienen paz.
Aquellos que predican amor
No tienen amor.
Cuidado con los predicadores
cuidado con los que saben.
Cuidado con
Aquellos que
Están siempre
Leyendo
Libros.
Cuidado con aquellos que detestan
la pobreza o están orgullosos de ella.
Cuidado con aquellos de alabanza rápida
pues necesitan que se les alabe a cambio.
Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:
tienen miedo de lo que
no conocen.
Cuidado con aquellos que buscan constantes
multitudes; no son nada
solos.
Cuidado con
El hombre corriente
Con la mujer corriente
Cuidado con su amor.
Su amor es corriente, busca
lo corriente.
Pero es un genio al odiar
es lo suficientemente genial
al odiar como para matarte, como para matar
a cualquiera.
Al no querer la soledad
al no entender la soledad
intentarán destruir
cualquier cosa
que difiera
de lo suyo.
Al no ser capaces
de crear arte
no entenderán
el arte.
Considerarán su fracaso
como creadores
sólo como un fracaso
del mundo.
Al no ser capaces de amar plenamente
creerán que tu amor es
incompleto
y entonces te
odiarán.
Y su odio será perfecto
como un diamante resplandeciente
como una navaja
como una montaña
como un tigre
como cicuta
Su mejor
ARTE.

La noche de los lápices

Para los que no la vieron, esta es una película que retrata muy bien los sucesos ocurridos en Argentina, durante el Proceso de Reorganización Nacional (o sea, la puta dictadura) de los años 80. El secuestro de diez estudiantes se convierte en una de las tantas pesadillas que vivieron los argentinos que fueron torturados y asesinados por el poder inclemente de los que toman el gobierno por la fuerza.
Bajo la dirección de Héctor Olivera y con el fondo musical de Sui Generis, esta película nos hace relfexionar sobre lo que no debe volver a suceder en los países latinoamericanos y nos hace recapacitar sobre el deber de participación que tenemos los jóvenes respecto a las diversas decisiones que se toman para regir a nuestra sociedad. La verdad es que dicho film logra transmitir un mensaje que está muy lejos de lo banal, de lo que comunmente vemos en el cine de estreno de nuestros días.
La película la pueden bajar del Ares, o también está en You tube o en el buscador de videos de Google. Suerte.

Felipe Revueltas

Animación trabajosa

Es importante saber que en esta animación "corta" se usaron más de 3 mil imágenes diferentes. A razón de 12 imágenes por segundo, las imágenes adquieren esa secuencia de movimiento. No más imaginen lo que pasa en el cine, que son 24 imágenes por segundo y hay películas que duran hasta 3 horas.

Animación trabajosa

http://www.youtube.com/watch?v=u46eaeAfeqw

Las visiones ‘claras’ de Huxley



"El bien de la humanidad debe consistir en que cada uno goce al máximo de la felicidad que pueda, sin disminuir la felicidad de los demás".

Aldous Huxley


La obra literaria de Aldous Huxley, una mezcla de sociología, psicoanálisis y hasta de ciencias biológicas, legado de un visionario inglés que por pasarse la vida escarbando los problemas que aquejaban al Hombre se convirtió al Vedantismo y hasta experimentó con el LSD, droga sicodélica ligada a la moda hippie y a famosos cantantes de los años 60. Pero Huxley, ya había experimentado con otra sustancia que le hizo famoso en el ámbito literario. Se trataba del soma.

El soma, un estupefaciente creado a partir de la mezcla de cocaína y morfina, consumido por los ciudadanos que conformaban la sociedad del futuro: un solo gobierno mundial represor y totalitario, en donde la guerra y la pobreza no existen, pero tampoco la familia (la reproducción está basada sobre el cultivo de humanos), el arte, la filosofía y la religión, y hablar de historia o de la reproducción vivípara es uno de los actos más obscenos. El soma llenaba los vacíos existenciales y creaba en el individuo un estado de felicidad absurda, un placer que le bastaba para aplacar todo mal existente.

Aldous Huxley detalla la vida de esta futura sociedad en Un mundo feliz, novela de ciencia ficción que refiere a una sociedad de tecnología avanzada, en donde cada ciudadano goza de una falsa felicidad, que no es más que el resultado de un condicionamiento basado en la hipnopedia -transmisión de mensajes repetitivos durante el sueño-. De esta manera, cada integrante de la gran sociedad estaba satisfecho de ser quien era y ocupaba un cargo según la raza a la que pertenecía, y si sentía algún malestar ligado a las emociones, lo solucionaba con unas tabletas de soma.

La utopía de Huxley es una mirada al mundo futuro, pero de manera sarcástica. El escritor inglés, destacó por ser un gran intelectual prematuro que influía con sus ideas ligadas a la libertad humana. Como periodista, viajó por todo el mundo y tuvo un notable interés en la filosofía oriental, que se contraponía a los trastornos generados por la civilización occidental. Influido por el ancestral pensamiento, escribió libros que pregonaban el pacifismo y las ideas espirituales de los Vedas. Años después, descubriría drogas como la mescalina, LSD y psilocibina, estupefacientes sicodélicos que le permitían ver con “claridad” los problemas existentes en el mundo moderno.

El LSD -droga que induce a estados alterados de conciencia, comparados a los de la esquizofrenia- se hizo popular entre los artistas de la época. The Beatles, The Doors (banda inspirada en Las puertas de la percepción, libro espiritual de Huxley) y Pink Floy, fueron algunos grupos que la consumían abiertamente; incluso, el grupo liderado por Jhon Lennon grabó la canción Lucy in the Sky with Diamonds, acróstico del LSD. Aunque Lennon negó dicha relación, el video clip decía lo contrario: era una animación en colores sicodélicos que representaban una alucinación.

Huxley rechazó -como lo hiciera después el líder de The Beatles- el título de Caballero de la corona británica. El alejamiento hacia lo material y superfluo fue la consigna mística que lo acompañó hasta el final de sus días. En el lecho de muerte, al no poder pronunciar palabra alguna, le pidió por escrito a su esposa 100 microgramos de LSD, lo que le permitió morir apaciblemente, oyendo, desde el más allá, la lectura del Libro tibetano de los muertos, como lo había deseado. Murió a los 69 años.

Felipe Revueltas

Gato por libro. Sobre la estafa de los críticos literarios

No recuerdo que algún tiempo haya existido una raza de grandes críticos o que determinado medio se interesaba más por la crítica literaria o demás nostalgias inventadas, propias de los delirios del pasado, de aquellas épocas que parecen mejor, solo porque las vemos borrosas o porque lo que no recordamos lo hacemos parecer algo que quisimos que pasara. (Cuántos falsos recuerdos tendremos en nuestras vidas, cosas que empezaron como falsas anécdotas y ahora se quedan en nuestra mente como parte de lo vivido, anécdotas inventadas solo para no quedarnos atrás entre los amigos que tal vez sí han vivido la vida... o quién sabe si no inventaron también. Bueno.)

Pero recuerdo muy bien aquellas épocas en las que leía solo para intentar meter algo más en mi cabeza y aprender a escribir mejor mis cartas amorosas a la dama de turno, textos con intenciones extra-artísticas y nada literarias. Leía, sobre todo, el periódico, que acaso era el medio más a mi alcance, aparte de los libros viejos que remataban ciertos ambulantes. En los diarios, aparte de todas las secciones que interesan a todo ciudadano sadomasoquista (Política y Locales), voyeurista (Espectáculos), o frustrado (Deportes), estaba la sección Cultural (digo, al menos de los diarios que compraba, ya que en otros, la palabra Cultura solo estaba asociada al término Cultura-Combi, cosa que hasta ahora no entiendo) que presentaba en una sola página todo lo concerniente al teatro, pintura, danza, y todo lo que engloba la palabra cultura en su definición humanística. Claro, lo que más me interesaba era encontrar alguna biografía o algún poema que de vez en cuando se le ocurría publicar al periódico. A veces tenía suerte. Como no todos los días había un poema o se trataba de un escritor, leía reseñas, entrevistas, veía la agenda (agenda que me hace sentir muy infeliz, ya que vivía a más de 200 kilómetros de Lima) y de a pocos empecé a conocer algo sobre la 'movida cultural' y sus personajes.


La crítica ha pasado a ser solo reseña. Un espacio en donde se anuncia la publicación de un libro solo si éste es de determinada editorial conocida o si el autor es conocido o si el autor es conocido del editor de Cultura.

Las reseñas suelen ser zalameras y van acompañadas de una entrevista en donde dejan que el escritor alabe su propia obra diciendo: ‘lo escribí en un estado casi catártico, después de un largo asilo dentro de mí mismo’ (:-O).

Entre otros temas, a veces en dicha única página encontraba columnas que anunciaban críticas literarias sobre libros recién salidos de la imprenta. Al principio tomé cierto interés a estos comentarios y opiniones de ciertos personajes normalmente desconocidos, pero pronto me cansaron y hasta me molestaban a veces, pero finalmente terminé por reírme. Era una columna en donde el tema no consistía en valorar el libro después de un análisis que (suponía yo) consistía en extraer lo bueno y lo malo para recomendar finalmente al lector si merecía ser comprado o no. Sino, la supuesta crítica consistía (consiste) en mencionar el libro y mediante un lenguaje dotado de serpentinas palabras (escogidas del manual: ‘Hágase culto en siete sesiones’) hablaban del libro, del autor y sobre todo de sí mismos. ¿De sí mismos? Sí. Si consideraban al libro ‘una buena entrega’, lo calificaban de ‘fresco’, ‘interesante’, ‘buena trama’, ‘una novela que dará que hablar’, ‘marca una nueva etapa del escritor’, ‘sui generis’, ‘no pasará desapercibido’, ‘se aparta de su generación’ y todas esas frases hechas, significaba (significa): ‘compra el libro si quieres, total tú te harás responsable’.

Si los calificativos eran: ‘un libro apresurado’, ‘más de lo mismo’, ‘no logra superarse a sí mismo’, ‘hay elementos que no aportan a la trama principal’, ‘dijo en muchas palabras lo que pudo decir con ninguna’, etc., querían decir que sí habían leído el libro, pero que ‘yo puedo escribir mejor’. Simple.

Finalmente el lector (o sea yo, en el peor sentido de la palabra) decidía buscar lectura decimonónica.

La crítica literaria ya no se ejerce en los medios de comunicación porque ha pasado a ser solo herramienta para los estudiosos de determinadas materias y no para el vulgar lector que todavía tiene fe en los diarios, revistas y otros medios que deben propagar más el interés por la lectura… (ni yo me la creo)

La crítica ha pasado a ser solo reseña. Un espacio en donde se anuncia la publicación de un libro solo si éste es de determinada editorial conocida o si el autor es conocido o si el autor es conocido del editor de Cultura.

Las reseñas suelen ser zalameras y van acompañadas de una entrevista en donde dejan que el escritor alabe su propia obra diciendo: ‘lo escribí en un estado casi catártico, después de un largo asilo dentro de mí mismo’ (:-O). En el caso de que el escritor no acceda a la entrevista, simplemente no le hacen la reseña o intentan darle una ‘crítica destructiva’ (lo cual puede ser de doble filo, ya que algunos lectores tienen la costumbre de llevar la contra, evocando a Clemente Palma que disparó contra Vallejo).

Así, la crítica se convierte en muchos casos en un acto de violación en donde los vejados son los desinformados lectores que se dejan llevar por los pepeadores: medio-editorial. Pienso que debe haber una sanción por estafa a los que dicen que una novela es buena cuando de verdad es malísima. Nos dan gato por liebre (perdón por usar esta frase muy prostituida). ¿Quién nos devuelve la plata?, ¿Quién devuelve el tiempo perdido?, ¿quién borra de la mente tan malos recuerdos?

Bueno, sé que no tengo autoridad para ‘criticar’ a los críticos, pero lo hago sabiendo que muchos de nosotros nos hemos sentido estafados por ellos, ya que muchas veces hemos confiado ciegamente en lo que dicen.

Hablando de ciegos, una vez leí una crítica de Jorge Luis Borges hacia la obra más conocida de Gabriel García Márquez, en donde el argentino aseveraba que ‘a Cien años de soledad le sobran cincuenta años’. Buena frase, ¿no? A ver si los ‘críticos’ recapacitan y no nos hagan comprar libros que terminen vendidos como papel reciclado (al menos me he dedicado a hacer eso, ya que no puedo revenderlos porque parto de una sabia premisa: no hagas lo que no te gustarían que hagan contigo).

-----

En el próximo artículo daré pautas para saber cómo saber que un libro es de verdad malo. Así de simple, sin tener que leerlo. ¿No me creen? Pues se puede, la literatura está enferma señores y es fácil detectar sus síntomas.
Felipe Revueltas

De repente Felipillo nos dicen...

"La tragedia de la vejez no es ser viejo,
sino haber sido joven".
Oscar Wilde

Empieza con simples sucesos a los que les damos la mínima importancia. Cuando nos percatamos ya es demasiado tarde; pero nunca es pronto para darse cuenta. Viene tras de nosotros como lo más inevitable. De repente te llenas de recuerdos y crees que los crepúsculos de antes eran menos amarillos, y subes con apuro a tu dormitorio pero al llegar olvidas para qué fuiste, “eso pasa”, te dices; sin embargo, no fue la primera vez. La memoria se independiza e imagina sucesos paralelos a la realidad: distracción lo llaman algunos.

A Felipe Revueltas se le olvidó, una tarde, dónde puso el control remoto de la televisión. Su madre encontró dicho aparato en la nevera del refrigerador y los hermanos de Felipe encontraron en tal hecho un poderoso motivo para burlarse. A los dos meses, a Felipe le diagnosticaron Alzheimer cuando lo internaron en la Clínica Italiana. Felipillo se había extraviado una semana y lo hallaron sentado con signos de anemia en el Parque de la Reserva entre lecturas de periódicos pasados.

De repente la ropa que usas ya no tiene la marca por afuera y los colores son más serios e íntegros: rojo, negro, azul, todos ellos sin degradación o sin combinaciones de tres colores a más. Y el día oscurece con una neblina densa que parece colarse por las venas hasta el hipotálamo porque un niño en la calle te preguntó la hora llamándote: “Señor”.

Solemos decir que todo tiempo pasado fue mejor, es porque la memoria desarrolla una capacidad especial para recordar sucesos agradables mediante una selección exhaustiva. Y de repente entre amigos hablamos sobre los mejores momentos de nuestra vida, como aceptando que ya no tendremos otros. Algunos bajan la cabeza y prenden un cigarro, otros terminan el trago de sus vasos, se tocan el rostro y miran hacia arriba, como si el pasado estuviese compuesto por un éter tan volátil que parece no haber existido.

Fue un día como todos. Llegamos a casa, nos estiramos en el sofá, encendemos el televisor y recordamos que es sábado por la noche: nadie nos llamó a salir. Ya no adivinas o calculas la hora con facilidad, ya no te parece tarde y preguntas con frecuencia por el día, el año, ¿Quién eres tú, por qué me persigues? En realidad es jueves por al tarde y las probabilidades de que te llamen silbando desde la calle se perdieron hace mucho tiempo.

Ya no tienes ropa de deporte porque el simple hecho de levantarte de la cama te causa dolores lumbares. Cuando a Pablo Picasso le decían que era demasiado viejo para hacer algo, lo procuraba hacer enseguida. Pero no somos Picasso y además nunca entendimos lo que hizo ese malagueño. Y ya nadie se atreve a decirte que te cortes el cabello o que te rasures esa barba descuidada. El ropero tiene un orden que no te explicas, hay más camisas que polos y más pantalones de sastre que blue jeans. La música de moda es un asco y de repente los bailes actuales son muy escandalosos; las canciones que te gustan ya no las ponen en las radios y en casa nadie te da la razón.

Sucede que sientes la saliva más amarga, el cabello más duro y las manos más lerdas. Entre tus cosas aparecen medicinas de denominación indescifrable y de tu bolsillo salen mariposas amarillas -según dijo la tía de Felipe que leyó cien veces “Cien años de soledad”-, pero en realidad son polillas que justifican el olor a naftalina mezclada con colonia de baño. Si fumas ya no piensas en si tendrás cáncer o que sufrirás insomnio si tomas café cargado con Coca Cola. Sueles dormirte en la sala de espera. Sientes demasiado frío o calor o, en fin, ya no sientes nada de eso y subes al edificio más alto para sentir el vértigo que no hallas en las acciones cotidianas.

Ya no bajas las escaleras de dos en dos, doblas las rodillas para recoger algo y temes tronarte los dedos o el cuello porque las articulaciones parecen quebrarse. Y sin darte cuenta tu DNI tiene más de ocho hologramas y puedes afirmar que los últimos presidentes han sido una mierda. Piensas con más frecuencia en el suicidio y la eutanasia pasa a ser un tema más en las conversaciones de la familia que calla cuando pasas por la sala, donde todos se reúnen, menos tú que andas buscando un sombrero que se te dio por usarlo.

“Somos tan jóvenes como nos sentimos”, dice un idiota en la televisión para vender un instrumento de gimnasio (Somos tan viejos como lo estamos, como a veces no lo sentimos, pero lo estamos). Estás frente al espejo, te ves por media hora, una hora y con las palmas estiras hacia atrás el rostro que parece despegarse de los huesos. Ya sabes lo que tendrás que hacer determinado día a determinada hora porque alguien te lo dejó pegado en la puerta del refrigerador, como a Felipe Revueltas que sigue olvidando el control remoto en la nevera y quiere cambiar de canal con un pedazo de pastel de chocolate.

Hace mucho que para celebrar el día de la madre ibas a despertarla con un beso en la frente. Ella vive lejos -ya no vive-, te reúnes con tus hermanos que tienen prisa, todos ya formaron una familia y el apellido paterno se ha extendido por todo el territorio. Empiezas a tratar de usted a todos tus frecuentados, los nombres de tus conocidos empiezan a repetirse: conoces a diez de nombre María, ocho de Juan, trece de Carlos, siete de Pedro y otros nombres que ya no recuerdas sino cuando alguien en la calle ilumina su rostro porque te vio, te llamó por un apodo que no recordabas y se lanzó a darte un abrazo que no sentías hace mucho tiempo. Tú desataste una sonrisa que tenías amarrada en el subconsciente.

De repente empiezan a cederte el asiento en los micros, a sentarte a la cabeza de la mesa y piden tu opinión sobre algunos asuntos de la casa o sobre cosas que dejaron de importarte. En Navidad te visten de Papá Noel y los niños prefieren jugar contigo porque tienes todo el tiempo para jugar Monopolio hasta terminar en la cárcel por deudas y estafas. Y todos quieren tomarse una foto a tu lado como si fuese la última oportunidad, pero tú ya empiezas a odiar que te enfoquen con las cámaras, te sientes un objeto de museo y luego quieres que nadie te vea, no quieres salir, no quieres ver a nadie, y los niños ya no quieren jugar contigo porque temen a que los estrangules. En la esquina empiezan a crear mitos sobre ti, como a Felipe Revueltas, de quien se dicen que tuvo Alzheimer a los veinte años y ahora lo cuidan como si fuese mongolito.

Ya no vas a tonos, piyamadas o fogatas, sino a bautizos, confirmaciones y matrimonios; ayer al entierro de un amigo, el único que te llamaba en cada cumpleaños. Y cuando caminas por los parques piensas en que debiste tener hijos, o en que no debiste tenerlos; mejor escribir un libro, quizás hubiese vivido de eso; tal vez hubiese mandado al mismo demonio a todos mis profesores de la universidad, tal vez hubiese fomentado una revolución que cambie este país o tal vez me hubiese dedicado a la música, obviando el deseo de mis padres que sólo buscaron mi estabilidad económica y vivir cantando por el mundo sin un solo centavo en el bolsillo. No sé. Pero si te das cuenta, quien te acompaña a los parques es una enfermera joven de rostro amable que trata como a niño de veinte años que se muere por regresar a casa para ver televisión. “Felipillo”, te dice.